El 12vo round en Rocky II

Ezequiel Daray nos cuenta en qué se parece la Bundesliga a la famosa película de Sylvester Stallone.

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Por si no recuerdan la famosa saga, en la II, Rocky consiguió la revancha frente a Apollo Creed. Llegaron al último round con las caras llenas de golpes y los ojos cerrados por la hinchazón. Apollo ganaba por puntos y desde su esquina le aconsejaron mantenerse lejos, y dejar que pasen los minutos. Todos saben qué pasó después. 

Bueno, los partidos de la Bundesliga me recuerdan a ese round número 12. Nadie cierra el juego, no hacen tiempo, no especulan, y van a noquear al rival aunque los puntos estén de su lado. Y muchos partidos se definen como esa pelea de película. Golpe tras golpe hasta que los dos caen al suelo exhaustos. Si uno logra pararse en el último segundo (como hizo Rocky), gana. Si no, se da un empate con muchos golpes. Perdón, con muchos goles. 

Es increíble que este sea el mismo fútbol alemán que jugaba con cuatro defensores centrales, a defenderse atrás, apostando a atajadas salvadoras de porteros míticos (siempre Alemania sacó arqueros de primer nivel), como Oliver Khan. Arriba una torre, que podía convertir en gol un ladrillazo suelto en el aire. Era 1 a 0 y se acababa el partido. Estoy exagerando un poco, ya que el fútbol alemán nunca llegó a ser un catenaccio, pero la idea era similar. 

Con el advenimiento de técnicos como Heynckes o Klopp, el fútbol alemán se volvió más ofensivo. Pero un día llegó Guardiola y les mostró que se podía defender con dos jugadores, que ni siquiera eran defensores, y atacar con cinco. Tres años de dominio total de ese Bayern en la Bundesliga, prendieron la llama en muchos técnicos jóvenes, como Schubert (recientemente destituído en el Gladbach) o Julian Nagelsmann (el entrenador del Hoffenheim, que con 29 años sorprende a Europa). 

Basta ver cómo se paran el Gladbach, el Hoffenheim o hasta el Eintracht Frankfurt, que solía ser un equipo timorato con Kovac, y con el mismo técnico ahora juega “3-4-1-2”. Casi la mitad de los técnicos de la Bundesliga apuestan por esquemas como ese, “3-3-1-3” o “4-1-4-1”. Pero, más allá del dibujo, influye la idea, a veces irresponsable, de atacar hasta el minuto 93.

Leipzig se le paró al Bayern con un desparpajo inusual, siendo que es un “rookie” en la Bundesliga, y que era su primera visita al Allianz. En 2 llegadas erraron los 2 goles abajo del arco. En las mismas 2, el Bayern se le puso 2-0, y al poco tiempo Leipzig se quedaba con 10. Pero tuvimos una primera parte digna de una pelea de Sylvester Stallone. 

Equipos con mayoría de jóvenes, ya que todos apuestan al futuro, no tienen a veces el balance o el manejo de los tiempos para saber cuando hay que parar la pelota. Van a buscar la pelea con la guardia baja, y matan o mueren. Ancelotti, un zorro viejo, con mil batallas en el lomo, siempre lo dice: “presionar alto no siempre es bueno. A veces hay que cuidar la espalda”. 

La Bundesliga post Guardiola le sumó toque y pelota al piso a su conocido vértigo. Pero existe una cierta ingenuidad, que se paga caro cuando salen a jugar en Europa. El Dortmund, en su primer partido en casa frente al Madrid, por Champions, fue el equipo que más le pateó al arco al cuadro merengue. Dembélé, Aubameyang y Pulisic llegaban una y otra vez y erraban todas. La gente se rompía las manos aplaudiendo. Pero el Madrid le hizo un gol de contra y uno de pelota parada, y la fiesta del fútbol terminó en un empate agónico, celebrado como un triunfo. 

El Bayern es como una isla en la Bundesliga. Con jerarquía, experiencia y un técnico que nunca cambia el semblante desde la línea de cal, maneja los tiempos: acelera, “duerme” el partido... Cada vez se parece más al Madrid de Ancelotti. No luce, pero tiene unos cracks que, como hizo Douglas Costa en Darmstadt, solucionan todas las falencias con un zapatazo de 40 metros. Con eso hace la diferencia. Con Guardiola, los aplastaba. Dos estilos diferentes, y un resultado similar: la punta. 

El fútbol alemán tiene que dar ese paso de maduración, para que tanto espectáculo se traduzca en resultados consistentes. No es normal que el Dortmund bata el récord de goles en fase de grupo de Champions, y no le pueda ganar ni a Augsburg ni a Hoffenheim. La inconsistencia es la moneda más común, pero también lo es el espectáculo. 

Los fans disfrutan. Los neutrales, que lo vemos sin pasiones, mucho más. Cada partido es como el último round de Rocky II. Apollo lo tiene ganado pero va a buscar otra mano más, y termina en la lona. Los últimos 5 minutos suelen tener mucha acción. Por ahora no es efectivo, pero... ¡Qué divertida es la Bundesliga!

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