A Canelo le hablan de millones pero él piensa en su legado

El mexicano llegó a New York para su primera pelea del contrato por 365 millones de dólares... pero también para seguir rompiendo marcas.

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Sonríe Canelo Álvarez cuando le decimos que nunca lo vimos tan abrigado. Para un mexicano su hábitat natural es la costa Oeste de los Estados Unidos. En California o Nevada es donde acostumbran a pelear, con el favor de ser alentados por sus paisanos en territorio estadounidense. Pero hace frío. Mucho frío en Manhattan y el mexicano, quien es hoy por hoy el atleta mejor pagado del mundo, entra en escena con gorro de lana y bufanda, una rareza, aunque la chaqueta tiene los colores de la bandera de su país.

Sonríe Canelo. Y no es para menos. Está a un paso de cerrar la mejor temporada de su carrera. Ponganle nombre a los deseos, vistanlos con guantes y seguro aparece la imagen de Álvarez.

Ganó la pelea más importante en años, cuando el pasado septiembre se impuso sobre Gennady Golovkin, firmó un contrato que si hace bien la tarea asegurará el futuro de su familia por generaciones (365 millones de dólares por sus siguientes 11 combates) y ahora llega a New York para combatir en la Meca del Boxeo, el Madison Square Garden, donde se matricularon de leyenda todos los grandes del boxeo.

Claro que para cumplir con el sueño se tuvo que abrigar como nunca el Canelo, que luego de la humorada nos explica lo que significa para él pelear en el inmueble ubicado en la Séptima Avenida. El mexicano debería oler a dinero con el contrato que solventa sus peleas pero suena creíble cuando habla de boxeo. No da nuestra de que la llama interna se le vaya a apagar.

Hablamos con Eddy Reynoso, su entrenador, también presente en este arribo oficial que Golden Boy Promotions organizó en este bar de Chelsea, uno de los vecindarios más cool de Manhattan. Es bueno que el hombre que lo forjó en el boxeo desde el inicio nos diga cómo se hace para que su peleador siga hambriento aunque el estómago este lleno y los placeres al alcance de la mano.

"Cuando eres de cuna humilde eso no te pasa", me dice Reynoso.

Pero también coincide que el riesgo de esta pelea pasa más por su peleador que por el rival, Rocky Fielding, el inglés que parece gigante al lado del mexicano y que es el campeón mundial de la Asociación Mundial de Boxeo (WBA, según sus siglas en inglés).

"Me preocupa más que Saúl no haga lo que entrenamos", nos asegura.

¿Será que Canelo se pueda aburguesar? Está en la cima. Todos nos hacen sentir eso. Hablamos con Oscar de la Hoya, su promotor y nos dice que acá muy cerca, en Canastota, donde se encuentra el Salón de la Fama del Boxeo, ya esperan por él. "Y tiene solamente 28 años", dice De La Hoya.

Todo huele a éxito. Bernard Hopkins, también parte de Golden Boy Promotions, dice la consabida frase: "El Cielo es el límite".

Pero Canelo no habla de millones. Se engancha cuando se le pregunta por el legado. Lo intentamos acorralar preguntando si es más importante pelear en el Madison o ganar su tercer título en diferentes categorías, logro con el que cuentan apenas 9 mexicanos en toda la historia. "Las dos por igual", responde al instante.

No parece marearse. Ya suena una posible pelea en el Estadio Azteca, donde nada más pudo combatir con suceso y lleno total Julio César Chávez. Pero Canelo dice que le gustaría pelear ahí pero que antes tiene que ganar este sábado.

Frente a él tendrá un rival muy respetuoso al que no le molesta no ser el favorito. Fielding se mostró muy político en esta presentación. Fue imposible sacarle frases altisonantes.

La moderación parece ser la tónica. Lo que no es una mala señal cuando la sobre de los millones sobrevuela sobre Manhattan.

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